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El Corpus Christi

Más allá de la procesión

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La fiesta del Corpus Christi es una de las celebraciones más hermosas de nuestra Iglesia, un misterio que hemos ido descubriendo y madurando a lo largo de los siglos. Desde los primeros días en que la Eucaristía solo se celebraba y no se reservaba, hasta el desarrollo de los sagrarios y las grandes procesiones, el Señor nos ha ido guiando para hacer de Él el centro de nuestras vidas y de nuestros templos.


La procesión interior: Ser el reflejo de Cristo

La verdadera procesión empieza en nuestra vida cotidiana. Como nos recuerda San Josemaría Escrivá en Camino: «Ojalá sea tal tu compostura y tu conversación que la gente pueda decir de ti al verte: este lee la vida de Jesucristo».

Nuestra respuesta diaria ante las dificultades, el trato con las personas que nos resultan difíciles o pesadas, y nuestra capacidad de ayudar al prójimo son el verdadero termómetro de nuestra fe. El Señor quiere salir a las calles, pero, sobre todo, quiere quedarse en tu corazón para que seas tú quien lo lleve a los demás.


La caridad en acción

Ser cristianos no significa ser perfectos ni señalar a los demás, sino manifestar la bondad y el cariño de Dios en los momentos más inesperados. A veces, la mejor oración es la caridad viva: tender la mano con una sonrisa al que está perdido o en apuros, incluso cuando eso trastoque nuestros planes o nos quite horas de sueño. Esa es la manera en la que el mundo nos espera.

Pidamos al Señor la gracia de ser sus instrumentos y de que nuestra vida entera sea una hermosa procesión que convenza a quienes nos rodean.

Grupo de amigos del colegio Torremar