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El Triduo Pascual: vivir la voluntad de Dios

“La Cruz de Cristo es el signo de la esperanza que no decepciona; y nos dice que ni siquiera una lágrima, ni siquiera un lamento se pierden en el diseño de salvación de Dios”. Papa Francisco.

En la Semana Santa los católicos somos partícipes del período más importante de nuestra fe. Desde la entrada de Jesús a Jerusalén en el Domingo de Ramos a la Resurrección del Señor, siete días después. Toda la historia de la Salvación y redención gira alrededor de esta semana, especialmente en el Misterio pascual, el Triduo del Señor crucificado, muerto y resucitado.

La Iglesia nos enseña a vivir la Semana Santa de manera especial. Siendo parte de las ceremonias y ritos litúrgicos de estos días. El Domingo de Ramos es la puerta que nos introduce al Triduo pascual. La entrada de Jesús en Jerusalén nos muestra la algarabía del pueblo que recibe entre alabanzas al Mesías. El Jueves Santo marca el fin de la Cuaresma y el inicio del Triduo. En este día El Señor instituye la Eucaristía, símbolo de la alianza eterna y de su testamento de amor.

La liturgia del Viernes Santo evoca a la crucifixión de Jesús. El altar queda exento de cualquier elemento y se proclama la Pasión según el Evangelio de san Juan. El Sábado Santo está envuelto por un gran silencio, símbolo de que el Rey duerme. La Vigilia Pascual expresa el paso de las tinieblas a la luz y de la muerte a la vida. El Domingo de Resurrección es la fiesta más grande de la fe cristina. Es el testimonio de la promesa que nos hizo Jesús, del triunfo de la vida eterna por sobre la muerte y del perdón por encima del pecado.

El Papa Benedicto XVI nos decía que revivir el Triduo pascual debe servirnos para acogernos a la voluntad de Dios, conscientes de que en ella se halla el camino a la Salvación. Jesús lo hizo y nosotros debemos hacerlo también. Redescubrir el Triduo nos acercará un poco más a vivir de la manera que San Josemaría anhelaba para los cristianos: “ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo», decía el fundador.

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