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Inicio de la Cuaresma

Hoy se celebra el Miércoles de Ceniza, que da inicio al período de Cuaresma. Este tiempo de penitencia, de purificación y conversión debe servirnos para acercarnos a Dios. Sin embargo, este acercamiento no es solo de presencia o palabra; requiere sacrificio, compromiso y acción. La Iglesia nos pide que, en todo momento, pero especialmente durante estos 40 días, preparemos nuestro corazón para la Pascua a través de la purificación espiritual y actitud penitencial.

Este período no puede ser entendido como una época más del año. Es un tiempo concreto para buscar una nueva conversión. Para ello, la penitencia y la reflexión son herramientas que nos ayudan a purificar nuestra alma y acercarnos a Dios. La Iglesia nos dice que es un tiempo apropiado para el ayuno, la oración y la limosna. Por ese motivo, entre otras cosas, es mandatorio cumplir abstinencia de carne los viernes de Cuaresma, en recuerdo del día en el que murió Jesucristo en la Santa Cruz.

Sin embargo, la llamada a la conversión durante la Cuaresma no mira únicamente las acciones externas, sino principalmente la penitencia interior. Por esta razón “hemos de prepararnos con un examen hondo, pidiendo ayuda al Señor, para que podamos conocerle mejor y nos conozcamos mejor a nosotros mismos. No hay otro camino, si hemos de convertirnos de nuevo”, indica San Josemaría. Y añade: “Hay que estar persuadidos de que Dios nos oye, de que está pendiente de nosotros: así se llenará de paz nuestro corazón”.

La imposición de la Ceniza al inicio de la Cuaresma simboliza precisamente este deseo de conversión interior. Es una invitación a vivir una inmersión más consciente e intensa del misterio pascual. Con este gesto, quedamos preparados para vivir un tiempo de auténtica y profunda conversión personal, que tiene como fin participar de la fiesta más grande de nuestra fe: el Domingo de Resurrección del Señor.

El tiempo de Cuaresma es un período de renovación de nuestra fe y de abrir nuestro corazón para recibir el amor de Dios. En estas semanas, tengamos presentes el llamado que nos hace el Papa Francisco, a vivir la Cuaresma como un “camino de conversión y oración” que nos ayude a recordar “la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre”.

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