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Mensaje del Prelado (10 septiembre 2020)

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

El próximo día 15 se cumplirán 45 años de la elección de don Álvaro como primer sucesor de san Josemaría. Fue un momento muy importante, pues marcó el comienzo de la continuidad en la fidelidad a la herencia de nuestro fundador, enseñándonos a traer el espíritu del Opus Dei al hoy de nuestra vida. El beato Álvaro dio inicio a este tiempo con su personal fidelidad; en él vemos que la santidad en lo ordinario es un regalo de Dios para hacernos felices y para hacer felices a las personas que nos rodean.

Os invito a considerar en estos días el ejemplo de don Álvaro como roca fuerte –saxum– en la que pudo apoyarse siempre nuestro Padre y que supo sostener a los demás. Esto fue posible principalmente gracias a su unión con Jesucristo, fuente de su fidelidad, de su paz y de su alegría. También puede serlo para cada una y cada uno, porque Cristo es «vida de nuestra vida», como decía san Josemaría (Via Crucis, XIV estación). Este aniversario supone una estupenda ocasión de reafirmar el deseo de ser también nosotros continuidad fiel en servicio a la Iglesia y a todas las almas.

Es aún muy reciente la ordenación de 29 nuevos sacerdotes de la Prelatura; que nuestra acción de gracias a Dios por el don del sacerdocio siga acompañada de nuestra oración por ellos.

El día 15 se celebra la memoria litúrgica de los Dolores de la Santísima Virgen. Que ella, fuerte al pie de la Cruz, nos consiga siempre del Señor ser personalmente fieles en la continuidad. Esto conlleva, de un modo u otro, estar con Jesús en la Cruz sostenidos por María.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Roma, 10 de septiembre de 2020

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