Durante este tiempo de Cuaresma, en la Capilla del Santísimo verás que las imágenes de Santa María y San Juan estarán colocadas junto a la custodia, velando al Señor.
No es un detalle decorativo. Es una invitación.
La Cuaresma nos lleva espiritualmente al Calvario. Y allí, junto a la Cruz, estaban ellos: María y el discípulo amado. Permanecieron. No huyeron. No apartaron la mirada. Se quedaron con Jesús en la hora más oscura.
Hoy, frente a la Eucaristía —que hace presente el mismo sacrificio de la Cruz— queremos aprender de ellos a adorar mejor.
María nos enseña a mirar.
San Juan nos enseña a permanecer.
En cada hora de adoración, podemos pedirles que nos ayuden a vivir este tiempo con mayor profundidad, con un corazón dispuesto a la conversión.
Oración a Santa María, Refugio de los Pecadores
- Madre mía, tú que estuviste al pie de la Cruz y no quitabas la vista de tu Hijo, ayúdame a mirar a Jesús con tu amor, para que al verle aquí presente en la Eucaristía, reconozca mis faltas y sienta el deseo urgente de conversión. Amén.
Oración a San Juan
- San Juan, testigo de la Cruz y de la gloria en la Eucaristía, enséñame que no hay vida sin sacrificio. Que mi cruz sea amar a los demás con la misma entrega desinteresada con que Cristo murió por mí. Amén.
Preguntas para rezar ante la Custodia
La mirada (con María)
- ¿He buscado en esta Cuaresma momentos de silencio para mirar a Dios, o mi atención ha estado secuestrada por el ruido de las redes sociales, el activismo y las preocupaciones mundanas?
El corazón (con San Juan)
- Al acercarme a la Eucaristía, ¿me conmuevo ante el sacrificio de Cristo por mis pecados, o me he acostumbrado tanto a Su presencia que lo trato con indiferencia y rutina? ¿Hay algún hábito, rencor o pecado concreto que me impide mirar a Jesús?
"Que busques a Cristo. Que encuentres a Cristo.
Que ames a Cristo".
(Camino, 382)