En este último encuentro de Mujer 360, nos permitimos un momento de intimidad para honrar el lenguaje sagrado del cuerpo de la mujer.
Conversamos sobre cómo nuestro cuerpo no es una máquina estática, sino un ciclo constante de cambios, desde esos años en los que la regla marca nuestro ritmo mensual hasta esos días de transición en los que la perimenopausia comienza a susurrarnos cambios.
Hablamos del cansancio y de esas noches de insomnio que a veces se viven en soledad mientras sostenemos nuestros hogares, recordando que cada síntoma no es un enemigo, sino una señal de que nuestra esencia se está transformando.
La menopausia no es un final, sino como el florecimiento de una sabiduría profunda, donde el cuidado de nuestros huesos y de nuestro corazón se vuelve el acto de amor propio más grande.
Fue un espacio para recordar que, aunque nuestras manos estén siempre ocupadas cuidando y sirviendo, nuestro cuerpo es nuestro primer y más importante refugio.

